El Imperio de las Apariencias

El Imperio de las Apariencias

En una reunión social en Londres, ciudad en la que estaba por razones de trabajo, me acerqué a conversar con una mujer de curioso aspecto. Pelo graso y ostensiblemente mal cortado, dentadura en estado lamentable, y vestuario cuidadosamente seleccionado para dejar la peor impresión. En suma, mi nueva conocida exhibía su evidente desaseo sin ningún complejo. Si las apariencias fueran indicativas del éxito profesional o del status de una persona en los circuitos del poder, ella no tendría donde caerse muerta. A modo de inicio de una conversación sin destino, le comenté que me encantaba Londres y que alguna vez querría vivir allí. ¿Cual es el obstáculo?, me preguntó. Bueno, le digo, la verdad es que no creo que alguien me ofrezca trabajo por estos lados. Le cuento a lo que me dedico y ella me dice que no tendría mayores dificultades para conseguirme algo interesante. En ánimo deportivo le pregunto qué tiene en mente. Para hacer una historia larga corta, la mujer resultó ser el brazo derecho de uno de los más connotados empresarios londinenses, dueño de un imperio multinacional. Tras las amables gestiones de mi nueva amiga, dos días más tarde me encontraba en un celebre restaurante de Londres, sentado frente a frente a este hombre.
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