Puesta en Escena

Puesta en Escena

El dramaturgo norteamericano Arthur Miller, en el ensayo “Política y el Arte de la Actuación” escribió: “Los seres humanos no toleran demasiada realidad. La política es la mejor prueba de ello”. Miller tenía razón. La política y, muy especialmente, lo más visible de ella, es una puesta en escena. Los políticos no se comportan en el living de sus casas como lo hacen en público. Lo que nos conecta con alguno de ellos, aunque no lo sepamos reconocer, es la reacción visceral que nos produce lo que percibimos como su identidad, mucho más que las políticas que promueve.

Al igual que los actores, los políticos repiten un guión que ha sido cuidadosamente preparado. Rara vez improvisan o hablan desde el corazón. Todo está libreteado. Las frases han sido pensadas para una cuña en los noticiarios de televisión o para las páginas de los diarios.

El líder como actor es historia antigua. Pero la televisión desencadenó un cambio en la relación de las figuras públicas con los ciudadanos. Todo lo que vemos en la pantalla es actoral. Cada día se hace más difícil distinguir la realidad de la ficción.

En su ensayo, Miller se pregunta si acaso es bueno que la vida política esté tan gobernada por lo teatral. Nos guste o no, estamos ante un rasgo inherente a las sociedades modernas. Los líderes han debido entender que para gobernar tienen que aprender a actuar que, dicho sea de paso, no es lo mismo que mentir. Pero los políticos, en su mayoría, son malos actores. Hay algunos, como Ricardo Lagos, que son eximios en el arte de la representación. Pero a lo largo de nuestra historia, como Lagos ha habido muy pocos. A los ciudadanos les toca desentrañar cuánto de genuino hay en aquello que intentan encarnar los personajes que desfilan por los medios de comunicación día tras día. La práctica, eso si, los ha vuelto expertos en discriminar entre una mala actuación que deja al descubierto una sarta de mentiras, de una sustentada en la sinceridad. Buena noticia.