Palabras

Palabras

“Se ha creado un clima exagerado de confrontación y tenemos, como gobierno, el compromiso de serenar los espíritus”. Estas fueron las palabras de un ministro del gobierno a un diario. Su identidad es irrelevante. Tanto como lo son sus palabras. Lo que se está creando es un ambiente en el cual se dicen cosas que no tienen mayor significado ni trascendencia, porque no hay correlato alguno con la realidad. Mientras el ministro emitía esta declaración, el gobierno enviaba al congreso un proyecto de ley de reforma laboral maximalista, que no incluye reemplazo interno en caso de huelga, a pesar que la administración se había comprometido a llegar a un acuerdo con todos los sectores.

“Tenemos que hacer un esfuerzo con realismo, convocando a todos los actores, llevando adelante el proceso de reformas, pero haciendo las cosas bien”. Palabras de un dirigente de la Nueva Mayoría comentando los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), que confirmó la falta de adhesión al gobierno y a sus políticas. ¿Pero de qué realismo habla este dirigente? ¿A quién incluye la invitación a todos los actores? Es difícil saberlo. Se trata de palabras que en distintas formulaciones se vienen escuchando a diario desde el cambio de gabinete que instaló a un nuevo equipo político y ministro de hacienda. Lo que sigue haciendo el gobierno carece de realismo. Ignora elementos de la realidad tales como el rechazo que las reformas generan en la gente y su impacto en la contracción de la economía. No convoca a todos porque persiste en excluir a quienes no comulgan con lo que se promueve. El gobierno aprovecha una mayoría parlamentaria circunstancial para aprobar proyectos de ley que, el grueso de la ciudadanía censura, según todas las encuestas.

La entrevista concedida por el Ministro Eyzaguirre a El Mercurio es el epítome del sin sentido de las palabras. Entre un mar de autocríticas reconoció que su gestión en la reforma educacional había sido deficiente. Si es así, ¿porque fue promovido a un ministerio en La Moneda? A cualquier chileno que hace mal su pega lo despiden o renuncia. Pero al parecer estos estándares no aplican a los altos funcionarios de gobierno.

Nada más vacío de contenido que las palabras del Cardenal Ezzati en su homilía en el Te Deum. Pidió perdón por los emails intercambiados entre él y el Cardenal Errázuriz, en los cuales urdían una operación para impedir que el Padre Felipe Berríos asumiera como Capellán de La Moneda y que Juan Carlos Cruz, víctima del Sacerdote Fernando Karadima, asistiera a un encuentro convocado por la Conferencia Episcopal Anglófona, para dar testimonio de los abusos a los que fue sometido por el propio Karadima. Pedir perdón es reconocer el perjuicio causado. Es admitir que uno carga con la responsabilidad de lo ocurrido. Más importante, es declarar la voluntad de reparar el daño ocasionado. Nada de esto hizo Ezzati. Lo suyo solo fueron palabras al viento.

Es mucho lo que hay que hacer para devolverle a las instituciones y a la política su credibilidad. Una de ellas es la valorización de las palabras. Si a diario se están lanzando frases vacías, no habrá nada que restituya la confianza de la gente en sus representantes.