Maligno Rumor

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La temeraria afirmación de la diputada Pía Guzmán, el año 2003, acerca de la participación de políticos en actos de pedofilia, desató una incontenible ola de rumores acerca de la identidad de los parlamentarios en la mente de la acusadora. Rumor es información que no está respaldada por evidencia, ya sea porque se trata de una mentira o porque no ha sido posible obtener pruebas acerca de su veracidad. Los rumores son particularmente corrosivos cuando, aún siendo falsos, resultan verosímiles para la opinión pública. El desgaste de la política, que en esos años estaba en sus albores, los escándalos de corrupción de la época (MOP-GATE, por ejemplo), y la irrupción de noticias vinculando sacerdotes a actos de pedofilia, entre otros, dieron visos de realidad a la información entregada por la diputada Guzmán, aunque sus dichos nunca fueron corroborados. Si hay curas pedófilos, ¿porque no habría de haber políticos pedófilos? Esta relación de causalidad espuria es precisamente en donde reside la potencia de las imputaciones que hizo la parlamentaria en ese tiempo.

El daño infringido por Guzmán fue gigantesco, lo que explica la fuerza con que reaccionaron sus acusados. Intuían que las acusaciones eran verosímiles, pero sabían que eran falsas. En el curso de los días, tras la primera declaración de la diputada, Guzmán insinuó que había poderes ocultos actuando para impedir que se supiera la verdad. Este mensaje fue reforzado por versiones de niños de identidad desconocida que, supuestamente, participaban de estas fiestas en donde se practicaba la pedofilia. Se dijo que sus vidas estaban siendo amenazadas con el propósito de silenciar la identidad de los pedófilos.

Las excavaciones que se hicieron en la búsqueda de cadáveres en sitios en los cuales se habrían realizado las escabrosas fiestas, dieron forma a una lúgubre trama que Pía Guzman había diseminado involucrando a personajes poderosos.

No siempre es posible dar con la motivación de un rumor, mucho menos con la identidad de quien lo origina. Pero lo cierto es que rara vez carece de intencionalidad o propósito. En el ámbito de la política, no pasa un día sin que se publiquen trascendidos sin atribución de fuentes o sin confirmación acerca de su veracidad. Es innegable que esta práctica forma parte del arsenal que se utiliza en las luchas de poder en Chile y en el mundo.

El rumor también es usado como arma en los conflictos entre naciones. El siniestro Hitler y su no menos deleznable ministro de propaganda, Joseph Goebbels, perfeccionaron lo que estudiosos del rumor han denominado como la “gran mentira”. Esta consiste en persuadir acerca de la verdad de un hecho a través de la reiteración de falsedades. Se dirá: “hay políticos pedófilos”. Esta idea se repite bajo una y otra forma: “es difícil llegar a la verdad cuando hay poderosos intentando taparla”. En la práctica, las grandes mentiras son difíciles de desacreditar. Paralelamente, la “gran mentira” se ve corroborada por muchas mentiras pequeñas e irrelevantes pero que le otorgan credibilidad. Por ejemplo: “los pedófilos pertenecen a la UDI y a la Democracia Cristiana”. Este dato es, en lo sustantivo, completamente irrelevante, además de falso. Pero vaya que ayuda a fortalecer la verosimilitud de un rumor.

Quién sabe lo que rondó por la mente de la diputada Guzmán. ¿De la identidad de los concurrentes a las fiestas de marras? Nunca se supo. Pero el caso sirve para ilustrar lo fácil que puede ser diseminar un rumor, dotarlo de veracidad y, de paso, causar un gran daño a mucha gente.